O un poema que proviene del libro Si dulcemente (1980) llamado "Descubriendo el país":
amor que pisan / compañeros/ pisados
por mi amor/ compañeros moridos/
tristes agrandan el amor/
sentados en mi alma a dos sillitas
Gelman habla así del futuro, de la sobrevivencia: "sólo la esperanza tiene las rodillas nítidas/ sangran"; y, obviamente, cuando habla de la mujer amada, como en el poema que abre el poemario antes mencionado, escrito hacia 1956 o 57, su referencia principal es el cuerpo: "Habítame, penétrame, sea tu sangre una con mi sangre. Tu boca entre a mi boca..." Asimismo en el poema "Carta a mi madre", escrito entre 1985y 87, donde el cuerpo maternal es a la vez el cuerpo de la amada:
¿y mi boca?/ ¿cuánta alma te chupó?/ ¿te fue
fiesta mi boca alguna vez?/[...] ¿acaso yo podía prolongar
tu belleza?/
¿sin convertirla en cuerpo de dolor/ lengua/ exiliada de tu
nuca? [...]
¿así me hiciste sombra tuya de otro cuerpo, me
diste tu pezón/ campo violeta/ donde pacía un temblor?
Y el cuerpo imposible porque presente, nunca recobrado, porque
desaparecido, el del hijo:
cuerpo que me temblás entrado al alma/
frío que me enfriás/ manito tuya
manando sombra/ sombra/ sombra/ sombra
¿paro tu deshacerte en algún lado?/
2
Su poesía está, además, inscrita en la historia de la poesía,
es una poesía que escarba en la tradición, una tradición múltiple,
la de la propia lengua, la clásica, una poesía que habla también
con la voz de una cultura que habría de desaparecer con la expulsión
de los judíos de España, es la poesía sefaradí, escrita en ladino,
en la tradición de las jarchas, la de su libro Dibaxu (1992),
en donde dialoga con las dos lenguas, la actual, la suya, y la de
los ladinos: "lu qui a mi dates/ es avla que timbla/ nila manu dil
tempu/ aviarta para bever", o en su español: "lo que me diste/ es
palabra que tiembla/ en la mano del tiempo/ abierta para beber..."
Pero también la del muy clásico y maravilloso Quevedo, ese poeta
no muy amigo de los cristianos viejos, cuando al intitular Gelman
la antología antes citada usa como epígrafe un cuarteto de uno de
sus sonetos y un verso del mismo poema le sirve para titular el
libro, "En el hoy y mañana y ayer". Y está allí la otra poesía clásica,
la de los poetas místicos de muy improbable limpieza de sangre,
San Juan, Santa Teresa, algunos de los poetas que comenta y recrea
en sus libros Comentarios y Citas, de los que a la vez cito
su diálogo con la santa:
fiesta de vos/ o goce de este gozo
de alegría/ donde pena es callar/
buena locura de gritarte por
las calles de la mundo/ revelarte
manifestarte/
O con el santo, san Juan:
fuego que limpia en amor la alma
y la transforma en limpio amor/
echa llama además de arder
como palito que se extiende
Imágenes éstas usadas también para designar a una amada:
esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa
en el revés de un éxtasis/
Y otras palabras visitadas, las de los judíos judíos, los españoles
que vivieron en España antes de ser expulsados de su tierra, Yehuda
Halevy, Samuel Hanagid, Abraham Abulafia, Emanuel de Roma, Eliezer
Ben Jonan:
el dedo que escribió en mi sangre/ y separó mi sangre de su
tinta/
/dijo que el nombre de mi alma es sangre
En el lenguaje de la infancia se entrecruzan varios lenguajes,
los lenguajes inmigrantes -el de los padres, judíos venidos desde
Ucrania hasta Buenos Aires, donde nace Gelman en 1930-, el lenguaje
coloquial, la libre traducción (ha traducido Hamlet al lunfardo),
el comentario, los heterónimos, el pastiche, la tradición norteamericana
de los epitafios a la Lee Master, los posibles lenguajes de los
amigos desaparecidos por la represión, el lenguaje y la ortografía
infantiles.
Una poesía que encarna en la metáfora inestable de lo inaccesible
y con todo se hace cuerpo, reitero: ¿no demuestra esta tarea imposible
cuando en su libro Comentarios, escrito en el exilio entre
1978 y 1979, y dedicado curiosamente "a mi país", retoma como punto
de partida de sus poemas la poesía mística, la de Santa Teresa,
la de San Juan de la Cruz, dos escritores sospechosos, de sangre
impura? Es una poesía amorosa, él mismo lo declara, es también una
poesía política, una poesía que en el exilio recrea las raíces.
El erotismo es un cuerpo que se escamotea a la materialidad aunque
parta de ella, o mejor es un cuerpo sobre el que se construye la
poesía. Es por eso algo concreto, algo tangible, pero a la vez un
cuerpo inexistente .
3
Como Celan que transitó por varias lenguas y que fue poeta sólo
en una, Gelman transita de una tradición poética a otra y crea un
lenguaje personal, trabajado duramente, libro tras libro; un lenguaje
poético inequívocamente suyo, un lenguaje que, técnica y superficialmente,
consistiría en una ausencia de puntuación; en la proliferación de
barras diagonales que cesuran, cercenan lo que ya de suyo está escindido;
en la profusión de interrogantes que nunca logran colmar el vacío;
en la aparición de neologismos -intentan expresar lo que de otra
forma no podría ser dicho-; en la minuciosa repetición de ciertas
palabras relacionadas con el cuerpo y sus excrecencias, sus huesos,
su sangre, sus jugos; palabras que muchas veces traen ecos de César
Vallejo, de Oliverio Girondo; en la desaparición de mayúsculas que
deshacen cualquier intento de epicidad: ya no hay héroes, hay desaparecidos;
la palabra política, nunca politizada; la feminización de los vocablos
y los actos; el uso del diminutivo, introducido en el lenguaje poético:
convoca la ternura, la compasión, la infancia, la felicidad y, todavía,
sí, todavía, la belleza.
4
Juan Gelman abre las páginas de su antología En el hoy y mañana
y ayer, editada por la UNAM a principios
del 2000, con estas palabras:
Las maravillas y miserias del amor. Sus oscuros fulgores, sus
catástrofes. Caminar por el filo de la pérdida. Dar lo que no
se tiene. Recibir lo que no se da. El amor a la poesía, a la madre,
a la mujer, a los hijos, a los compañeros que cayeron por una
esperanza, a la belleza todavía de este mundo. Como cualquier
hombre, amé y amo todo eso. Algo de todo eso tal vez tiemble en
los poemas que siguen, escritos a lo largo de 40 años. La muerte
me enseñó que no se muere de amor. Se vive de amor.
5
En 1961 entrevistaron a Celan acerca del bilingüismo. Él que traducía
de diversas lenguas y hacía que todos los poetas se convirtieran
en Paul Celan, él que nació en una región europea, la Bukovina,
hoy Rumania, donde por lo menos se hablaban cuatro lenguas además
del yiddish.
Celan responde: "No creo en el bilingüismo de la poesía. La poesía
es la unidad en tanto que destino del lenguaje. No puede ser, y
que se me perdone esta verdad banal, ahora que la poesía, como la
verdad, se pierde demasiado en la banalidad. La poesía, repito,
sólo puede existir en la unidad."
Y en otra ocasión complementa: "Sólo en la lengua materna se puede
decir la verdad. En una lengua extranjera el poeta miente."
Hay una experiencia de la lengua que presupone un conocimiento
intuitivo de las palabras, una lengua hecha de varios lenguajes,
la que se transmite diariamente en la vida cotidiana. Pero hay otra
experiencia de la lengua en la que el hombre está totalmente desprovisto
de palabras frente a su propio lenguaje -diría, quizá en mi versión,
Giorgio Agamben.
Esta lengua para la que nos faltan las palabras y deben encontrarse,
aun a costa de la vida, es la lengua poética, la lengua de Celan,
la de Vallejo, la de Quevedo, la de Santa Teresa, la de San Juan,
y, obviamente, la de Juan Gelman.
Esta vana promesa de un sentido de la lengua y de su destino, es
decir de su gramática y de su tradición. El poeta es el niño que
recoge piadosamente esta promesa, y elige el juego de la verdad
sin ocultarse que ésta es vana, el niño quiere recordar ese vacío
y llenarlo a pesar de todo. Pero ahora, la lengua está delante de
él, tan sola y tan librada a sí misma que ya no se impone más de
ninguna manera, la lengua, dice Paul Celan, la poesía no se impone
ya, se expone.
Margo Glantz,
"Juan Gelman",
Fractal
n° 19, octubre-diciembre,
2000, año 4, volumen V, pp. 53-58.
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