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Una avispa sobre el agua
La superficie del agua
es tensa
para una avispa,
es un sendero múltiple fluyendo siempre
como el tacto del tiempo
sobre la hondura quieta
de un corto espacio.
Corto es el tiempo
en que flota; corta
la distancia en que gira
por incesantes laberintos,
remolinos inciertos, llamas,
y transparencia
inextricable.
Mariposa
Como una moneda girando
bajo el hilo de sol
cruza la mariposa encendida
ante la flor de albahaca.
La brisa
La brisa toca con sus
yemas
el suave envés de las hojas. Brillan
y giran levemente.
Las sobresalta y alza
con un suspiro, con otro. Las pone alerta.
Como los dedos sensitivos
de un ciego
hurgan entre el viento las hojas;
buscan y descifran sus bordes,
sus relieves de oleaje, su espesor.
Cimbran
sus fluidas teclas silenciosas.
Como un acuario
La luz de la tarde
escoge algunas plantas
y en algunas de sus hojas penetra.
Como un acuario encendido
por sus peces;
como un fluir
de la noche
entre rastros de estrellas,
transcurre
en su quietud
la maleza.
La actitud de los árboles
La actitud de los árboles,
su gesto,
es momentáneo.
La
penumbra del cuarto
Entra el lenguaje.
Los dos se acercan
a los mismos objetos. Los tocan
del mismo modo. Los apilan igual. Dejan e ignoran
las mismas cosas.
Cuando se enfrentan,
saben que son el límite
uno del otro.
Son creador y criatura.
Son imagen,
modelo,
uno del otro.
Los dos comparten la
penumbra del cuarto.
Ahí perciben poco: lo utilizable
y lo que el otro permite ver. Ambos se evaden
y se ocultan.
Una piedra en el agua de la cordura
Una
piedra en el agua de la cordura
abisma las coordenadas que nos sostienen
entre perfectos círculos
Al fondo,
Pende
en la sombra el hilo de la cordura
entre este punto
y aquél
entre este punto
y aquél
y si
uno
se columpia
sobre sus rombos,
verá el espacio multiplicarse
bajo los breves arcos de la cordura, verá sus gestos
recortados e iguales
si luego baja
y se sienta
y se ve meciéndose.
Sobre él discurren con suavidad
En el espejo del tiempo
centellea la conciencia.
Fina serpiente de cristal,
rodea las cosas.
Las envuelve, las crea, las fija.
Se ve mirarse
en el reflejo.
Ve su imagen mirar.-
Los movimientos se
hacen cautos
y lentos
y van dejando en su discurso fisuras.
Los dibujos que trazan
al brillar las fisuras
van reemplazando
el movimiento.
Son subyugantes sus
arabescos contra el lomo
del mar.
En él respira
su silencio.
Es un espejo el tiempo
bajo el azul: sobre él,
con punzones finísimos
argumentan,
sobre él discurren con suavidad.
Sombra
Por la sombra
que formulan los pliegues
sobre el muro de cal
nadie descifraría la forma de esta apacible
cortina azul:
triángulos, fauces, crestas,
estalactitas, bloques agudos
y caóticos.
¿Le puedo hacer una pregunta?
"¿Le puedo
hacer una pregunta?"
El sol transcurre entre
las nubes
como tibia cascada. Estamos encima de ellas,
encima de la tierra y el mar
y el cielo es una vasta
plenitud sostenida. "Una pregunta,
óigame bien:
¿Si a usted,
si a usted le hubieran
consultado...?"
Como los ojos suaves de esta niña ante el mar,
como su calma nítida.
"¿Le puedo hacer
una pregunta?"
(Un asiento adelante
el gris luido de la cortina encubre
este mar silencioso.)
Miro sus ojos a contraluz,
fijos e inquietos
y casi secos.
"¿Si a usted...?"
Veo el metal, su perfil,
entre la trama blanca. El azul.
Cambios de matiz, de textura, en el caudal
de la cortina. La cabeza que escucha,
que voltea "¿Quiere algo de tomar?"
Sus ojos, tercos, me
ven de frente:
"¿Si a usted,
si a usted le hubieran preguntado
si quería o no nacer?"
"Haga la prueba
me dice,
pregunte también usted; a sus parientes,
a sus amigos;
¿y usted, sí, usted ojos ariscos
y brumosos frente al arco de luz
qué hubiera dicho?"
Luz derramada sobre un estanque
de alabastro
Una pequeña piedra
transparente
y en ella,
la deslumbrada alegría del sol.
Eres el canto del agua
y entre sus hebras, el canto fresco
de la alondra, el viento suave
al amanecer. Luz derramada
sobre un estanque de alabastro.
Sobre sus aguas:
el azahar
y el jazmín.
La voz indígena
Es un dolor
de voz que se apaga. De voz eterna
y profunda
que así se apaga. Que así se apaga
para nosotros.
El amor es su entornada sustancia
Encendido en los boscajes
del tiempo, el amor
es su entornada sustancia. Abre
con hociquillo de marmota,
senderos y senderos
inextricables. Es el camino
de vuelta
de los muertos, el lugar luminoso en donde suelen
resplandecer. Como zafiros bajo la arena
hacen su playa, hacen sus olas íntimas, su floración
de pedernal, blanca y hundiéndose
y volcando su espuma. Así nos dicen al oído: del viento,
de la calma del agua, y del sol
que toca,
con dedos ígneos y delicados
la frescura vital. Así nos dicen
con su candor de caracolas; así van devanándonos
con su luz, que es piedra,
y que es principio con el agua, y es mar
de hondos follajes
inexpugnables, a los que sólo así, de noche,
nos es dado ver
y encender
Coral Bracho, "Poemas",
Fractal
n° 7, octubre-diciembre,
1997, año 2, volumen II, pp. 27-42.
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