| La
obscuridad de Celan no es desprecio para el lector, ni impotencia
expresiva, ni perezoso abandono al flujo del inconsciente: es de
verdad un reflejo de la obscuridad de su propio destino y de su
generación que se va espesando alrededor del lector, apresándolo
como una tenaza de acero y de frío, a partir de la cruel
clarividencia de Fuga de muerte hasta el caos atroz y obstinado
de sus últimas composiciones. Esas tinieblas, cada vez más
densas a medida que avanzan las páginas, se convierten en
un último balbuceo desarticulado. Consternan como el estertor
de un moribundo y lo son en realidad. Nos atraen como atraen los
abismos, pero al mismo tiempo nos destituyen de algo que debería
decirse y no se ha dicho, que nos frustra y nos repele. Yo pienso,
por lo que a mí respecta, que se debe meditar sobre el poeta
Celan y tenerle compasión más que imitarlo. Si su
mensaje es un mensaje, éste se pierde en el ruido.
no es una comunicación, no constituye un lenguaje, o a lo
sumo es un lenguaje embarazoso y mutilado. Como él del que
va a morir, como el que todos tendremos cuando agonicemos. Pero
justamente porque los vivos no estamos solos, debemos obligarnos
a no escribir como si lo estuviésemos. Somos responsables,
mientras vivimos: debemos responder de lo que escribimos, palabra
por palabra, lograr que cada palabra tenga un peso (pp..73-74-75).
Y desciendo de inmediato a lo literal, lo agarro desde abajo para
poder situar a Celan, quien escribe desde los residuos, los restos,
pues, ¿qué otra cosa es la ceniza? Sé que estas
palabras - residuos, restos - han sido demasiado utilizadas y hasta
banalizadas por el manoseo al que se las ha sometido. Quisiera recurrir
a ellas sin embargo, en tanto que cenizas reales, concretas, producidas
en serie por los nazis, de esas cenizas de las que nos habla de
nuevo Levi en su ultimo libro Los hundidos y los salvados,
son cenizas de las que podemos responder porque están repletas
de significado aunque su ligereza parezca desmentirlo:
Las
cenizas humanas provenientes de los crematorios, toneladas diarias,
eran fácilmente reconocibles como tales pues con gran
frecuencia contenían dientes o vértebras. A pesar
de eso, se usaron con distintas finalidades: para rellenar terrenos
palúdicos, como aislante térmico en los intersticios
de las construcciones de madera, como fertilizante fosfórico;
especialmente se emplearon como arenas para cubrir los caminos
de la aldea de las SS, situada junto al campo (se refiere a
Auschwitz , naturalmente). No sé si por su dureza, o
por su origen, aquel era un material para ser pisado, pp. 107-108
He
tomado a Primo Levi como paradigma, representa uno de los extremos
de lo decible en relación con el exterminio de los judíos
de Europa, tarea a la que tanto Celan como Levi se abocaron en sus
escritos. Levi y Celan, sobre todo Celan, violaron la prohibición
expresa de referirse a Auschwitz tal como esa prohibición
fuera formulada por Theodor Adorno: Escribir un poema después
de Auschwitz es bárbaro.
Se trata de la polarización más absoluta, Levi, acostumbrado
a mirar la realidad con los ojos analíticos de un científico,
un tipo de científico especial puesto que trabaja la química
inorgánica, contempla las cenizas y el lenguaje desde la
misma perspectiva, ambos son objetos literalmente, tienen sentido
en su concreción absoluta, las palabras sirven para comunicarse
con los demás, son un instrumento ni más ni menos
que los matraces, las redomas y demás herramientas que propician
las metamorfosis, esa posibilidad alquímica a través
de la cual de una materia imperfecta se obtiene la esencia
(El sistema periódico, p. 67), como de los cuerpos
de los judíos incinerados se obtenían materiales útiles
para los arios, materiales aptos para la profanación.
El
yo de Levi es un yo sin equívocos, es el yo de Primo Levi,
un yo que se dirige a sus semejantes para hablarles con responsabilidad
de un acontecimiento que no debió de haberse producido, un
acontecimiento llamado Auschwitz, una experiencia imposible de erradicar,
que nunca ya dejará de suceder, repitiéndose incesantemente,
como en el sueño recurrente que Levi describe en un poema
en donde la cotidianeidad del campo es eterna en su retorno, el
retorno a una orden que interrumpe el sueño- en el campo
y en la pesadilla recurrente : Wstawac, una palabra cuyo
peso es excesivo, la verificación de que no se ha salido
del campo ni nunca se saldrá y de que se ha iniciado un nuevo
día de trabajos forzados, hambre, sed, frío, vejaciones.
Palabra asociada a las cenizas, hechas de residuos de cuerpos consumidos.
La palabra Wstavac, palabra polaca casi impronunciable, se
agrega a una palabra pronunciada por Hölderlin como un enigma,
un balbuceo inarticulado, un estertor de moribundo, un-escaparse-del-mundo,
un encuentro con la locura o un intento por descifrarla, una palabra-llave,
palabra contraseña, como la palabra hebrea Shibboleth,
tomada de la Biblia, de los Jueces, y que intitula un poema de Celan,
cuya referencia concreta sería un doble exterminio, el de
los republicanos españoles a manos de los franquistas en
1934 y el de los judíos de la tribu de Efraín exterminados
por los de la tribu de Galaad, reconocidos cuando pronunciaron la
contraseña que los identificaba. Estas palabras son palabras
de naufragio, palabras supérstites, emitidas por un testigo-sobreviviente
y arrojadas como desechos, restos, residuos de la lengua, como esas
palabras oscuras a las que Levi teme y aborrece, palabras con las
que rechaza la escritura de Celan, y con todo semejantes a las proferidas
por Friedrich Hölderlin, el romántico alemán,
cuando ya éste vivía en su torre-manicomio, territorio
de su locura. Las palabras de este precursor, alter ego de
Celan son: "Pallaksch, Pallaksch", con las que
concluye un poema del poeta del que me ocupo, escrito en 1961, después
de una visita a Tubinga, donde vivió el poeta romántico
sus últimos años. Palabras marcadas y cercenadas del
resto del poema por un paréntesis y unas comillas; con ellas
Celan explora justamente ese territorio que tanto le asusta a Levi,
el de lo inarticulado, el estertor de quien ya muy cerca de la muerte
y sujeto a la locura produce un balbuceo. Esbozo, a mi vez otro
balbuceo, un intento de aproximación en español al
poema de Celan:
Llegó, si llegó, .
Un hombre
Llegó un hombre al mundo, hoy
con
la barba luminosa
del patriarca: podría
si pudiera hablar de ese
tiempo, él
si pudiera
balbucear y sólo balbucear,
siempre-siempre,
más-más
("Pallaksch, Pallaksch")
Un
dato al margen : cuando Celan decidió suicidarse estaba leyendo
una biografía de Hölderlin; en su escritorio, una página
abierta con unos versos subrayados: "A veces el genio cae en
la oscuridad y se hunde en el oscuro pozo de su corazón",
(Festiner, p. 287)
Wstavac
significa, quiere decir algo, es una orden pronunciada en un idioma
extranjero para el protagonista y para muchos de los habitantes
del campo, aunque al ser emitida como un aullido, como cualquiera
de las órdenes gritadas por los alemanes o los kapos, perdía
su integridad como palabra humana. Pallaksch es de entrada
una voz extranjera, nos llega desde otra orilla, la de la alienación.
Hay una tercera voz , es emitida por un niño mudo del que
nos habla Levi, es otro producto de desecho del campo, los deportados
lo llamaban Hurbinek, un día, después de la liberación
de Auschwitz por los aliados, se le oye murmurar un vocablo: mass-kló
o mastikló. ¿Qué quiere decir esa palabra,
se pregunta Levi en La tregua?: "Hurbinek, el no nombrado,
cuyo minúsculo antebrazo portaba el tatuaje de Auschwitz;
Hurbinek murió los primeros días de marzo de 1945,
libre pero irredento. No queda nada de él: testimonia a través
de mis palabras"(pp. 26-27). {ver también Agamben, pp-46-47]
¿No parece haber una perfecta simetría entre esos
vocablos, aunque el usado por Levi parezca remitir a algo articulado,
y los otros dos sean respectivamente Pallaksch, la voz de
la locura, y Mass-kló, simple pero también
totalmente, la voz del hambre o la de una identidad precaria? ¿no
son también cenizas esas voces emitidas desde los resquicios
más pulverizados del habla?
Pero,
¿quién es Celan?
Celan tuvo cuatro nacionalidades, la rumana de su Czernowitz natal,
la antigua Bukovina del Imperio austro-húngaro, donde nació
en noviembre de 1920, recibió el nombre de Paul Antschel
y era descendiente de una familia judía tradicional y religiosa.
Después del pacto germano-soviético en 1940 se vuelve
ciudadano ucraniano, entra a la universidad y aprende ruso; cuando
ese pacto se rompe y los nazis invaden la Unión Soviética,
vuelve a ser rumano en la Rumanía nazificada, aunque en realidad
es sobre todo judío de ghetto y, luego, un deportado en un
campo de trabajos forzados; ese mismo año de 1942 mueren
sus padres en Ucrania, el padre de tifo, la madre quizá de
un tiro en la nuca por ser incapaz de cumplir con los trabajos forzados.
Al terminar la guerra el joven Antschel regresa a Czernowitz, y
de allí emigra a Bucarest en 1945, donde trabaja como traductor
del ruso al rumano, idioma al cual traduce a Chéjov, Simonov,
Lermontov; por esa época cambia su nombre: un anagrama de
su apellido, tal y como se escribe en rumano, Ancel, para convertirlo
en Paul Celan, nombre con el que será conocido desde entonces;
bajo ese apellido publica en traducción rumana - hecha por
su mejor amigo de Bucarest, Petre Salomon - su famoso poema Fuga
de muerte [Todesfugue], el primer gran poema que se haya
escrito sobre Auschwitz, el único poema de Celan que acepta
Primo Levi, algunas de cuyas imágenes adopta "cavamos
una tumba en el aire"-, y del cuál dice en un escrito
autobiográfico: "Sólo logré penetrar el
significado de algunas de sus poesías; una excepción
es Fuga de muerte; he leído que Celan la había
repudiado, porque no la consideraba como característica de
su obra; en mí, sin embargo, ese poema se ha enraizado como
un injerto", [citado en Festiner, p. 331].
Huyendo de la Rumanía sovietizada, emigra a Viena en 1947,
ciudad que le atrae por su gran tradición literaria, ciudad
de poetas, por ejemplo Georg Trakl, y de gran tradición literaria
judía aniquilada; allí conoce a la que más
tarde será conocida poeta y novelista, Ingeborg Bachmann,
con la cual inicia una relación atormentada, interrumpida
en 1952 por el matrimonio de Celan con la pintora francesa y católica
Gisèle Lestrange; reanuda en 1958 su relación con
Bachmann, y la concluye definitivamente en 1961, relación
que se documenta en una amplia correspondencia ya publicada y en
la novela Malina de Bachmann, cuyo protagonista es Celan.
Vive en Viena sólo unos meses, incapaz de soportar la atmósfera
fascista, la supervivencia del nazismo; emigra a Francia en 1948,
se separa de su mujer en 1969, viaja a Israel a finales de ese año,
en 1970 se arroja al Sena, quizá desde el Puente Mirabeau.
En Francia escribe la mayor parte de su obra y allí nacen
sus hijos con Gisèle: Francois, muerto unos días después
de nacer (1953) y Eric (1955). En 1949 conoce al poeta surrealista
Yvan Goll, poeta judío alsaciano, a quien traduce al alemán;
a partir de su muerte en 1950 su viuda Claire Goll inicia una campaña
de difamación contra Celan, acusándolo de haber plagiado
a su marido, larga campaña que sin duda fue causa indirecta
de que Celan fuese poco reconocido en Francia, aunque también
hubiera podido ser, como antes le sucediera a Walter Benjamin, que
sus contemporáneos franceses fueran incapaces de reconocer
su genio, salvo en casos excepcionales como los de Henri Michaux,
Edmond Jabès, Yves Bonnefoy, En efecto, en un artículo
de Les lettres francaises anunciando su muerte en mayo de
1970, se lee "En Francia no se conoce a Paul Celan", sí,
un poeta desconocido que tradujo a Apollinaire, Rimbaud, Valéry,
Char, Michaux al alemán y que había ganado los más
prestigiosos premios en Alemania, el de literatura de Bremen en
1958. En su discurso explica "... el paisaje del que vengo
-¿Por cuántos rodeos, ¿ pero hay verdaderamente
un rodeo?- el paisaje del que vengo debería ser desconocido
para la mayoría de ustedes. Se trata del paisaje donde tuvo
su hogar una parte nada insignificante de esos cuentos jasídicos
que Martín Buber volvió a contarnos a todos en alemán.
Era, si se me permite contemplar este esbozo topográfico
con algo que, desde muy lejos, viene ahora a presentarse ante mis
ojos, era un territorio donde vivían hombres y libros"
(Dossier, p.22).
En 1969 , al recibir el Premio Büchner, ya no explica su origen,
ni justifica su pertenencia a una cultura asesinada, sólo
habla de lo que para él es la poesía, o mejor, simplemente
el poema:
El
poema es solitario. Es solitario y está de camino. Quien
lo escribe queda entregado a él.
¿Pero no está el poema por esto mismo, es decir
ya aquí, en el encuentro, en el secreto del encuentro?
El
poema tiende hacia otro, necesita de ese otro, necesita un enfrente.
Lo busca habla para él.
Cada cosa , cada hombrees, para el poema que se dirige hacia
lo otro, la configuración misma de ese otro..
Encuentro
lo que enlaza y, como el poema, nos lleva al encuentro.
Encuentra algo como el lenguaje inmaterial, pero
terrenal, terrestre, algo circular, algo que retorna a sí
mismo en ambos polos y que con ello de un modo más
sereno -, incluso atraviesa los trópicos: encuentro ...
un meridiano. (Dossier, p. 22)
Celan fue poliglota, como muchos de quienes habían nacido
en la confluencia de países que alguna vez pertenecieron
al imperio austro-húngaro; por ello conocía ocho lenguas,
el alemán, el hebreo, el yiddish, el rumano, el ruso, el
ucraniano, el inglés, el francés y eligió el
alemán como su lengua poética, para él la lengua
materna, literalmente la lengua que le enseñó su madre,
aunque podría decirse que por su lugar de nacimiento el rumano
hubiese debido ser su primera lengua, el hebreo, en cambio, fue
su lengua paterna, la lengua impuesta por el padre, a pesar de todo
hablada y conocida con gran profundidad y finura, como lo demostró
en su único viaje a Israel en 1969, unos meses antes de su
muerte. Festiner, cuyo libro, Paul Celan, Poet, Survivor, Jew,
es quizá el libro más completo que hasta ahora
se haya escrito sobre Celan, transcribe una carta del joven Antschel
dirigida a una tía materna emigrada a Palestina donde dice:
".. la manera como un judío del imperio austro- húngaro
podía transitar del alemán al hebreo, de la lengua
materna a la lengua santa (p. 4)". Además del hebreo,
más o menos despreciada, estaría la lengua yiddish,
reinvindicada apenas por un hecho literario, "Shakespeare también
estaba traducido al yiddish", aunque esta lengua fuese luego
recuperada en algunos de sus poemas por su expresividad lírica
y su carga histórica. El inglés, otro de sus idiomas
de adopción, quizá aún más que el francés,
porque como ya lo dije era el idioma de Shakespeare y también
de Emily Dickinson a quienes tradujo de manera insólita y
brillante. Podría decirse lo mismo del ruso, sobre todo porque
fue la lengua en la que escribieron dos de los poetas que más
admiró y además tradujo, el ruso judío Osip
Mandelshtam, deportado por Stalin a un campo de trabajos forzados
donde murió, y Marina Tzvetáieva, cuyo dramático
suicidio parece haber inspirado un pasaje de uno de sus poemas más
enigmáticos, Aschen-glorie, si atendemos a lo que del poema
explica Derrida.
Inútil subrayarlo: el alemán correcto, el idioma de
Schiller, a quien Celan recitaba desde que tenía seis años,
su madre había procurado que lo aprendiera bien, era una
lengua adquirida, muy distinta del alemán hablado en el Czernovitz
de la infancia del poeta: "No teníamos un lenguaje natural.
Hablar buen alemán era algo que había que alcanzar.
Se podía, pero no era fácil hacerlo", comenta
un compañero de escuela de Celan [ Festiner, p. 6]. El idioma
alemán ha muerto, dijo Steiner, en un ensayo publicado en
1959 que causó gran encono, y disculpándose de reeditarlo
en la compilación intitulada Lenguaje y silencio,
agrega en nota a pie de página: "Si vuelvo a publicar
El milagro vacío es por la sencilla razón
de que creo que las relaciones entre el lenguaje y la inhumanidad
política son muy importantes: y porque creo que puede verse
con apremio concreto y trágico respecto de los usos del alemán
durante el período nazi y durante el olvido acrobático
que siguió a la caída del nazismo, p- 133."
Se
dice, y yo lo creo, que Celan logró resucitar ese idioma.
Añado
una cita más, proviene de una carta de Celan, dirigida a
sus parientes en Israel, fechada en 1948, cuando ya había
decidido quedarse en París , aunque hubiera podido emigrar
y reunirse con su familia o acercarse a Martin Buber, el filósofo
judío que había emigrado a Palestina en 1938, a quien
admiraba enormemente y cuya filosofía está presente
en sus poemas y en un escrito alegórico, Conversación
en la montaña, donde narra un encuentro voluntariamente
fallido entre el judío Klein, el propio Celan y el judío
Gröss, Theodor Adorno; en esa misiva apunta sus razones para
elegir el alemán como su única lengua : "Quizá
sea yo el último que debe cumplir hasta el final el destino
del espíritu judío en Europa... [un poeta no puede
dejar de escribir], aunque sea judío y el idioma de sus poemas
sea el alemán [Festiner, p.57]".
La
gloria de las cenizas
Celan
ha elegido como Levi, aunque totalmente en otro registro, lo sabemos
bien, el papel de testigo, del que sobrevive, para decir lo que
no se puede decir, apenas con el poema, Levi ha sobrevivido para
contar, para que los otros sepan. Celan se encuentra en el umbral
de lo indecible y sin embargo dice. Se cuenta o se dice, grados
diversos del lenguaje y del testimonio, Wer Zeugt fúr dien
Zeugen? ¿quién testimonia por el testigo?
Agamben reitera:
Decir
que Auschwitz es indecible o incomprehensible
equivale a eufemizar , del griego euphemein, es decir, a observar
un silencio religioso, adorar en silencio como se haría
con un dios; eso significa , a pesar de las buenas intenciones,
contribuir a su gloria, -sobre todo si lo llamamos holocausto
o aún Shoa, como se dice en hebreo (explicación
de lo que antes ha dicho Agamben,)- Quizá toda palabra,
toda escritura, nace como testimonio. Por esta misma razón,
eso que testimonia no puede ser ya lengua ni escritura: Es eso
lo que nos llega desde la laguna, la no-lengua que se habla
sola, de la que responde la lengua, de la que nace la lengua
. Y es sobre la naturaleza de lo que no puede testimoniarse,
sobre esa no-lengua, que conviene interrogarse, (pp.40 y 47).
La
perfección con que Celan transita de lengua en lengua y su
necesidad de traducir desde todas las lenguas al alemán hasta
condensar en sus versiones cada una de las acepciones de cada vocablo,
reduciéndolo a su mínima aunque máxima expresión,
da cuenta de este trabajo de encuentro con el otro en el que ese
otro- así sea el exterminio- tiene de decible.
En
un ensayo intitulado "Hablar por el otro", y hablando
precisamente de un poema de Celan, Aschen-glorie, Cenizas la
gloria o Gloria de cenizas, explica Derrida:
Pero este poema es también intraducible en tanto puede
referirse a acontecimientos de los cuales la lengua alemana
habrá sido justamente un testigo privilegiado, a saber
la Shoa, lo que algunos llaman Auschwitz, y todo lo que pudo
destruir con el fuego y reducir a cenizas (cenizas es la primera
palabra del poema ) existencias en cantidad incontable, incontablemente,
pero también innombrablemente, es decir incinerando,
con el nombre y la memoria, hasta la posibilidad confirmada
del testimonio [y, puesto que acabo de decir la posibilidad
confirmada del testimonio, tendremos que preguntarnos si el
concepto de testimonio es compatible con algún valor
de certeza, de seguridad, inclusive de conocimiento como tal]
( Dossier, p 18).
Celan, en un trabajo semejante al de la incineración, funde
las tradiciones y los lenguajes, "el destino de los judíos,
el genio cargado de noche de la lengua alemana, del dialecto de
Auschwitz y de Belsen, una intimidad profunda del hebreo y del yiddisch...
y se convierte así en un poeta quizá más necesario
que Rilke (Steiner , p. 29, "The long life of metaphore"),
una manera quizá no demasiado válida para determinar
la validez o la importancia de un poeta, pero dejémoslo así,
pues se trata de Steiner y él puede responder por sus palabras.
Quizá podamos responder aquí con las de Celan:
Nadie
testimonia por el
testigo...
Gloria
De cenizas detrás
De ustedes las manos
Del triple camino
Alguna vez Póntico: aquí
Una gota
Sobre
La palma de una rama ahogada
En el fondo
Del juramento petrificado
Murmura.
Esta reducción infinita del lenguaje concentra dentro de
sí no sólo las estructuras propias de diversos lenguajes
y hablas, exprimidas a fuerza de extraer de ellas todas sus posibles
significaciones, mediante un trabajo incesante de traducción
- versión apretada de la poesía- y de tradición,
tradición en la que se superponen y se destilan las religiones
la judía y la católica, Antiguo y Nuevo testamento;
las filosofías de occidente, Spinoza, Nietszche, Heidegger,
así como la literatura la poesía- de los precursores,
el judío-profeta Kafka, el alienado Hölderlin, los asesinados
Mandelshtam y Tzvetáieva, los ¿más clásicos?
Shakespeare y Dickinson, este trabajo de alquimia en donde el lenguaje,
la historia, la topografía, la filosofía y la poesía
entran en la fusión, convergen en el poema los poemas-
que además dice dicen- la muerte de Dios ¿ Nada
Niemand? A quien sin embargo se le canta en la vieja tradición
del salmo. Nos seguimos dirigiendo a una figura superior Nadie-
y se habla de una naturaleza inmutable, ajena, distante dentro de
la cual transcurrimos, pero aparte de ella, semejante a la Nada
Nadie- Niemand-Nichts:
Allí están , entonces los primos (el judío
Gross y el judío Klein, en su Conversación en
la montaña Dossier, p 15) a la izquierda florece el martagón,
florece silvestre, florece como en ningún otro sitio,
y a la derecha se alza el ruiponce, y Dianthus superbus, el
clavel magnífico, se alza no lejos de allí. Per
ellos, los primos, bendito sea Dios no tienen ojos. Mejor dicho
si tienen, también ellos tienen ojos, pero delante cuelga
un velo, no delante, no detrás...
¡Pobre martagón, pobre ruiponce! Allí están
ellos los primos, parados frente a frente en un camino en la
montaña, la piedra guarda silencio y el silencio no es
silencio, no ha enmudecido allí ni una palabra ni una
frase, es tan sólo una pausa, un hueco de palabras, es
un lugar vacío, , ves erguidas alrededor todas las sílabas,
lengua son y boca, ellos dos, como antes, y en sus ojos cuelga
el velo, y ustedes, pobres, no se alzan allí ni florecen,
ustedes no están presentes, y julio no es julio...
Y
el otro a quien se habla en el poema es Adorno con quien nunca pudo
hablar Celan y quien nunca escribió- aunque dijo que quería
hacerlo, ese texto sobre su poesía, ese texto donde hubiera
podido disolver sus palabras-candado contra la expresión
poética que intentara decir lo que no debería ser
indecible. Y también en este texto se cancela el encuentro
con otros hermanos, esos sí hermanos, no primos: Nietszche
quien había paseado también por esas montañas
de Sils-Maria, en los Alpes suizos, o Celan quien no se encuentra
a propósito con Adorno en esas mismas montañas, aunque
camine poéticamente con Lenz, el personaje de un texto inconcluso
de Büchner, quien también sube la montaña , por
lo que se reencuentra con él, con Celan, en el pasado, pero
un pasado que ya no es obviamente el mismo, se trata de un pasado
romántico donde el hombre y la naturaleza están en
perfecta armonía. Ese encuentro entre un Yo y un Tú,
como quería Buber y como lo definía Celan en su discurso
de 1960. diez años antes del suicidio, de sus entradas limítrofes
y sucesivas a la locura, ¿ es un encuentro con algo
inmaterial pero terrestre... un meridiano? ¿Un meridiano?
Más bien la Nada, el Nadie, Nichts-Niemand, ¿la muerte
de Dios?
Tampoco se produce el encuentro con Heidegger a quien Celan admira
y cuyo pensamiento filosófico es en parte el suyo, y con
todo, no hay encuentro, lo dice así en otro poema Todnaunberg
que refiere si es que un poema puede referirse a algo tan
concreto, su visita a Martin Heidegger en la Selva Negra, está
de por medio la adhesión del filósofo alemán
a la ideología nazi.
Los poemas han alcanzado esa Nada, Niemand o Nichts del ya no Dios
o de la naturaleza distante, la naturaleza glacial que aparece rodeando
al alma en Primero sueño de Sor Juana, o la naturaleza
de redoma o de telescopio de Muerte sin fin de José
Gorostiza , poemas en los que Dios ya había muerto y sin
embargo seguía-sigue siendo la única referencia necesaria:
Enseñó la ley de gravedad, proporcionó
prueba tras prueba, pero encontró oídos sordos.
Entonces se impulsó en el aire y, flotando, enseño
la ley. Ahora le creyeron, aunque nadie se asombró de
que no volviera del aire (Aforismos de 1949, Dossier,
p. 23)
Adorno,
el judío grande, Gross, habla en un texto breve y tardío
sobre Celan - el señor Klein, el judío Pequeño-,
y dice, en un intento imposible por entenderlo, mucho tiempo después
de haber lanzado su anatema contra la poesía, especie de
Platón disminuido : "Los poemas de Celan hablan un indecible
horror a través del silencio. Transforman su verdadero contenido
en una cualidad negativa".
Celan
, quisiera entenderlo yo así, logra lo imposible, reducir
el lenguaje a cenizas, uno de los elementos más importantes
de su poética, las cenizas que van haciéndose cada
vez más imperceptibles, más disueltas de poema en
poema, lo que quedó de una cultura, de los cuerpos, un signo
negativo, el polvo: cenizas grises junto con los cabellos ennegrecidos
de las mujeres judías, en Todesfugue:
Leche negra del alba te bebemos de noche
Te bebemos al mediodía la muerte es un maestro de Alemania
Te bebemos de tarde y de mañana bebemos y bebemos
La muerte es un maestro de Alemania su ojo es azul
Te dispara con bala de plomo te dispara certero
Un hombre vive en la casa tu cabello de oro Margarete
Azuza sus perros contra nosotros nos regala una tumba en el
aire
Juega con las serpientes y sueña la muerte es un Maestro
de
Alemania
Tu cabello de oro Margarete
Tu cabello de ceniza Shulamith
En este poema que ya lleva el nombre elegido por Celan para ser
poeta, en ese poema donde a sí mismo el poeta se nombra,
Dios ya no existe, es avant la lettre un Niemand, un Nichts.
¿Cómo hacer para que el polvo hable? ¿un polvo
que son cenizas- restos- residuos? ¿Será Todesfugue
demasiado literal? ¿demasiado evidente su intención?,
¿se juntará con la palabra con el hecho? ¿hay
demasiadas imágenes?, quizá es demasiado simple en
su literalidad descriptiva, comparada con lo que luego logrará
en Celan en sus poemas, este poema que sin embargo aprecia Levi,
le sirve para testimoniar del exterminio, para sintetizarlo en una
imagen, una tumba en las nubes o en el aire donde los cuerpos ya
no están encogidos ni hacinados ni encimados como en los
trenes, en las barracas, en la cámara de gas. ¿Le
pareceria a Levi esta alquimia del poema, esa fuga bailada, un experimento
de química inorgánica en la que de una materia imperfecta
se obtiene la esencia?
Lívida la voz, desde
Las profundidades desollado:
Ni palabra ni cosa, y único nombre de los dos,
Dispuesto en ti a caer,
Dispuesto en ti a volar,
Herida ganancia de un mundo...
Blanchot en su ensayo El último en hablar, habla así,
él también sobre Celan, dice así, termino con
sus palabras este texto:
Lo
que nos habla aquí, nos alcanza por la extrema tensión
del lenguaje, su concentración, la necesidad de mantener,
de llevar lo uno hacia lo otro, en una unión que no forma
unidad, palabras desde entonces asociadas, unidas por otra cosa
que su sentido, solamente orientadas hacia-. Y lo que nos habla,
en estos poemas las más de las veces muy cortos donde
términos, frases parecen, por el ritmo de su brevedad
indefinida, cercados de blanco, es que este blanco, estas interrupciones,
estos silencios no son pausas o intervalos para permitir la
respiración de la lectura, sino que pertenecen al rigor
mismo, aquel que no autoriza más que un mínimo
de relajamiento, un rigor no verbal que no estaría destinado
a portar sentido, como si el vacío fuese menos una falta
que una saturación, un vacío saturado de vacío.
Y, sin embargo, no es quizás eso lo que yo retengo en
principio, sino que un lenguaje así, a menudo tan duro
(como en algunos poemas del último Hölderlin), no
duro algo estridente, un sonido agudo más allá
de lo que puede convertirse en canto- no llegue nunca a producir
una palabra de violencia, no golpee al otro, no esté
animado por ninguna intención agresiva o destructiva:
como si ya hubiese tenido lugar la destrucción de sí
para que el otro sea preservado o para que se mantenga un
signo fijado por la oscuridad. (pp 51-52).
(Conferencia
en la Casa Refugio Citlaltépetl, 23 de marzo, 2000, Ciclo:
Figuras del exilio)
Nota:
Las traducciones al español de los libros en otros idiomas
son mías.
Obras
utilizadas:
Giorgio Agamben, Ce qui reste dAuschwitz,
París, Payot-Rivages, 1999.
Maurice Blanchot, El último en hablar, Madrid, Tecnos,
1999.
Paul Celan, Pavot et mémoire, Paris, Christian Bourgois,
1987.
Paul Celan, Antología, Sin perdón ni olvido,
versión al español de José María Pérez
Gay, México, UAM, 1998.
Paul Celan, Choix de poèmes [réunis par lauteur],
Paris, Gallimard, 1998.
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