|
|
|||||||||||||||||||
|
México, capital
del siglo XXI
José Luis Barrios
Núm. 40
Si la modernidad industrial y financiera es parte de un proceso donde el mito del progreso se produce en la lógica de la traza y la escala, la ciudad de México ha crecido desmintiendo esta lógica, sus fundaciones han sido múltiples y fragmentarias, y traducciones de distintos momentos de la modernidad. En esta ciudad la utopía de las urbes modernas conoce tantas fundaciones como fracasos han tenido.
Núm. 45 Un espejismo llamado Colombia 6
Álvaro Mutis
Y todos tan contentos
Consagración de la mentira
Piedad Bonnett
Los ejercitos o el tiempo
Mauricio Contreras
German Espinosa, escritor
Carlos Luis Torres
Viaje dentro del viaje
Fabio Jurado Valencia
|
De la hermenéutica edípica a la filosofía de la presencia Hans Ulrich Gumbrecht Guajiras Mauricio Tenorio Ocultamiento de Elena Garro Pedro Serrano Cernuda en la Alianza Antonio Rivero Tavarillo Días de introversión Geney Beltrán Félix Poemas Robert Duncan La Revista Mexicana de Literatura: la ruptura en las letras Ricardo Pozas Horcasitas La desmovilización del pasado Ilán Semo
|
“Una escritura que habla del otro que habita en nosotros mismos.” Así caracterizó recientemente Jean-Michel Maulpoix a la obra de Henri Michaux (1899-1984), que alguna vez definió a su propia literatura como un “recorrido”: “Escribo para recorrerme. Pinto, compongo, escribo: me recorro. Es la aventura de estar en la vida.” Diálogo interminable consigo mismo, la poesía de Michaux traza una travesía hacia los paisajes en que se despliega el “espacio interior” del ser: la imposibilidad de estabilizar la relación entre el ser y sí mismo, el sentimiento de una privación irremontable, de una inadecuación entre el yo y el mundo.
En Ítaca, Penélope (Memorias del niño divino) Ariel Rodríguez Kuri Núm. 44 Soy mexicano y mi madre está loca. Tengo recuerdos pero no una historia que contar. Mi memoria es como la imagen del mundo de mi madre: rota, organizada en trozos separados. No tiene sentido. Crecí en medio de una confusión. Sólo con el tiempo comprendí que mi madre no estaba deprimida –estaba loca. Su pereza, la somnolencia tan frecuente durante una etapa de su vida, eran la consecuencia más o menos inevitable de ciertas medicinas. Éstas son hoy más poderosas y más nobles. Demasiado tarde: mi madre no toma ninguna, porque imagina que alguien la quiere envenenar.
|
|||||||||||||||||
|
|